¿Por qué Sevilla y sus azulejos nos gustan tanto?

Tres tradiciones se funden en la cerámica sevillana: el Islam, la Europa gótica y la Italia Renacentista.

Dentro de la región de Andalucía, al sur de España, y especialmente en Sevilla, su ciudad capital, la artesanía tiene como protagonista a la cerámica artística y utilitaria.

La cerámica utilitaria aparece en elementos típicos como cántaros o botijos. La expresión estética se desarrolla en la decoración con azulejos. Este tipo de decoración se remonta a la Mesopotamia y los primeros ladrillos vidriados. Continuada luego por el imperio persa, cobra auge durante la aparición de la cultura musulmana. Y es que la propia palabra, azulejo, derivaría del término árabe az-zylayj (“ladrillo pequeño”).

Presente desde el neolítico, gracias a la riqueza en arcillas del valle del Guadalquivir, la cerámica sevillana adquiere su personalidad durante la etapa musulmana.
La producción artística y de azulejos, se encuentra en el barrio de Triana desde la época islámica, cuando se introdujo el vidriado y el esmalte blanco de estaño. Allí existían hornos desde la época romana.
En España, se desarrolla la cerámica arquitectónica, con funciones estructurales, higiénicas y decorativas. Al servicio de la arquitectura, el azulejo se aplicó como revestimiento en las fachadas, zócalos y techos de edificios (siglos XII y XVI). Su estilo hispano-musulmán se denominó mudéjar («doméstico» o «domesticado»), término usado para designar a los musulmanes que se quedaron en los territorios reconquistados por los cristianos en la península ibérica.

Las principales técnicas fueron el alicatado, la cuerda seca y la cuenca o arista.

El “alicatado” es el revestimiento de suelos o paredes típico de la Andalucía musulmana, y el más costoso. La técnica consiste en cortar con alicates piezas de cerámica vidriada de un color distinto cada una, para lograr distintas formas geométricas llamadas aliceres. Estos aliceres se colocaban luego unos junto a otros sin dejar espacios, según un diseño previo.

La “técnica de la cuerda seca” surge en la etapa nazarí (siglo XV), para reproducir alicatados evitando su complicada y costosa ejecución. Los distintos colores de esmalte se separan por una línea de grasa y óxido de manganeso que evita que se mezclen. Esta técnica permite añadir motivos figurativos de tradición gótica cristiana. La forma cuadrada del azulejo mural, facilitaba además una instalación sencilla.

Finalmente, la “técnica de cuenca y/o arista” (siglo XVI) sustituye a la anterior, y llena de color a la arquitectura andaluza durante el reinado de los Reyes Católicos y del emperador Carlos V.
La cuenca y arista se obtienen presionando la arcilla contra matrices de madera tallada. Los surcos quedan entonces como aristas levantadas, y luego de su cocción, se colocan los esmaltes en las cuencas entre ellas. Así se asegura también la repetición fiel del motivo.
Los azulejos protegen y decoran paredes, formando paneles horizontales y verticales. Adoptan un rico repertorio figurativo inspirado en los tejidos. Cada motivo aislado tiene su valor estético, pero éste aumenta al multiplicarse formando retículas extensas para cubrir los muros.

A fines del siglo XV aparece el “azulejo pintado” de la mano del italiano Francisco Niculoso Pisano, comenzó a pintar directamente sobre el esmalte crudo blanco secado al sol. Esta técnica, conocida como “azulejo pisano”, “maiolica pisana” o “sobrebaño”, consiste en cubrir con esmalte blanco al azulejo bizcochado, y ya seco, colorear con pigmentos y hornear para vitrificar. Pisano combinó colores, en escenas figurativas basadas en el espíritu del Renacimiento italiano. En este estilo se realizaron obras pintadas a mano con motivos populares, que aún se ven en calles, edificios y patios.

Es que Sevilla está llena de azulejos, algunos de ellos centenarios y emblemáticos, que forman parte de la ciudad. En la Plaza de España, por ejemplo, cada provincia española tiene el suyo propio, con medidas de 2,80 x 1,65 memetros. La propia Plaza de España fue elegida este 2018 por los usuarios de TripAdvisor como el segundo lugar turístico más espectacular del mundo, sólo por detrás del templo de Angkor Wat (Camboya).

El parque María Luisa nos atrae para un paseo relajado. La catedral y su increible torre-campanario, La Giralda, es la joya de la corona del patrimonio sevillano. El Real Alcázar, el palacio de los reyes, del siglo XI, nos lleva al desafío de descubrir las nueve caras talladas del Patio de las Doncellas, pues hacerlo trae suerte. Este año además se cumplen 400 años del nacimiento de Murillo, así que en el Museo de Bellas Artes hay una exposición de antología sobre él.

Hay lugares en el mundo que ejercen una fuerza de atracción especial. Sevilla con sus azulejos es uno de ellos.